


Aunque esta famosa iglesia jesuita ha perdido mucho de su encanto a lo largo de los años, sigue siendo realmente un templo del arte. Es toda una lección de arquitectura barroca religiosa. Además, es la iglesia de Rubens por excelencia, quien no solo pintó para este templo, sino que diseñó también parte de las esculturas que lo decoran.
Los planos del edificio fueron trazados por miembros de la propia orden: primero por el rector François d'Aguilar y más tarde por el fraile Pieter Huyssens. La construcción duró solo 6 años (1615-1621). El Santo Patrón era Ignacio de Loyola, fundador de la Orden, cuya canonización se celebró aquí con gran fausto y fantásticas procesiones, con las calles llenas de adornos y colores y piadosas representaciones teatrales. Tras la repentina disolución de la Orden de los Jesuitas en 1773, sus bienes fueron incautados y vendidos en subasta pública. Años más tarde, esta iglesia se utilizó como centro de formación religiosa bajo el patronazgo de San Carlos Borromeo. En 1803, por el concordato de Napoleón, fue erigida como iglesia parroquial independiente.
La fachada inspirada en la primera iglesia jesuita en Roma, impulsa a que el caminante se detenga en su paseo. Las proporciones, los matices de color y la suntuosa decoración reflejan la confianza en sí mima de la Iglesia Católica durante la contrarreforma. Los instrumentos musicales y los ángeles que tocan la trompeta añaden los efectos sonoros. Todo el diseño de la plaza de Hendrik Conscience se debe por completo a los jesuitas, que en un principio tuvieron un colegio en este lugar, que después se trasladó a la calle Prinsstraat, hoy día universidad jesuita (UFSIA). Los nuevos edificios monacales se concentraron alrededor de esta plaza de los jesuitas, lo que produjo un verdadero desarrollo urbano que modificó el antiguo trazado medieval de las calles.
El interior de la iglesia fue concebido como una gran sala de fiestas de estilo barroco: ¡es un adelanto de las fiestas del cielo!. Se gastaron tales sumas de dinero en la decoración, que la iglesia llegó a ser conocida como "el templo de mármol". Por los numerosos dibujos del Siglo XV que hasta nosotros han llegado, sabemos que se trató de todo un hallazgo artístico. Sin embargo, el 18 de julio de 1718 quedará en la historia de esta iglesia como uno de sus días más funestos: cayó un rayo... y se produjo el desastre. Más de 39 cuadros de Rubens se esfumaron entre las llamas. La reconstrucción de la Basílica se le encargó a Jan Pieter Van Baurscheit, el Viejo: el resultado es bastante austero. El trabajo de restauración llevado a cabo en la década de los ochenta intentó aproximarse a lo que había sido el interior de la iglesia antes de 1718, especialmente en la reproducción del mármol.
Quizá el elemento que más destaca es el altar mayor, un gran conjunto escénico con sus todavía pinturas intercambiables. Su contemplación es un concepto clave en el método de la enseñanza y meditación de S. Ignacio. Y esto es lo que precisamente los grandes maestros del barroco en Amberes pretendieron.
Esto también es la explicación de que los confesionarios y los paneles de madera (M. Van der Voort el Viejo y J.P. Van Baurcheit el Viejo, después de 1718) no dejen sin cubrir ni un trozo de los muros.
El énfasis que los jesuitas pusieron en sus enseñanzas aparece ilustrado en el púlpito (también de Van Baurcheit el Viejo), en el que los monstruos de la falsedad y de la ignorancia, así como la máscara de la hipocresía son pisoteadas.
Si uno quiere quedar fascinado todavía, la capilla de María es aún más espectacular, en la que el barroco se manifiesta en los juegos caprichosos de las lineas en los paneles de mármol (H. Van Balen, el joven) en el banco de comunión de mármol blanco, en el techo con adornos de estuco y diseñado por Rubens, y en los relieves de máscaras estilizadas. Solo personas muy pesimistas pueden abandonar esta capilla con mal humor.
La fiesta de los ojos se completa con la fiesta para los oídos: los domingos se celebra la "misa de los artistas" vocal e instrumental. Se trata de una bonita tradición que se mantiene gracias al gran interés que le demuestra todo Amberes. La iglesia, regularmente da acogida además a otros conciertos.
¡También hay que ver la rica colección de encajes!
Tampoco se debe olvidar la maravillosa torre de Sint-Katelijnevest, que con sus 58 m. de altura nos conduce hacia Dios, quien es la verdadera inspiración de todo el arte barroco.
Laatste wijziging op 21/1/2011 door
Marc Dehaese 
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